Martín y los anteojos

Las mañanas de Martín son más tristes. Tiene serios problemas con su visión. Ahora, ya no puede leer el periódico con tranquilidad. Las letras bailan, tiemblan, se mueven en el papel y él sin poder atraparlas. Entorna los ojos para intentar aplacarlas, pero le duele la cabeza después de algún tiempo.

Ha pensado seriamente en ir al oftalmólogo. Contarle sobre su dificultad con la lectura. Sin embrago, odia los anteojos. Desde pequeño se le hicieron instrumentos antiestéticos. Instrumentos que sólo delataban las deficiencias de los otros. A los 10 años juró nunca usarlos. A esa misma edad, se prometió cuidar sus delicados ojos.

Martín no se explica el porqué de su debilidad visual. Siempre ha tenido cuidado con sus globos oculares. Les ha dado un trato de rey. Aunque estos dos reyes ahora le están fallando. No sabe qué hacer.

Se dice que lo mejor será ir a ver al oftalmólogo. Comentarle sobre su problema. Ver la posibilidad de utilizar lentes de contacto. Y esconder, como todos, una debilidad imperceptible a primera vista.

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